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¿No sería un mundo mejor? En vez de pasar la vida llorando por lo que no podemos tener, por la feria que nunca reuniremos, por la vieja que nunca chingaremos, por la chamba que nunca tendremos, a la chingada… vamos a hacernos todos la paja, la chaquetita, visitar a Doña Manuela, la que vive en Palma Cinco, la que no te miente, a saludar a la pescuezuda de mano, a chingarnos un rato de sano humor para uno, para nadie más, ser pinches egoístas y culeros, encerrarnos en el baño un rato, con nada más que la intención de querer un chingo a uno mismo.

Y ya luego, a seguir llorando, pues que chingados…

Dicagaciones (1).

Y si… dormimos juntos esa noche. Imitamos a los lobos en ausencia de mejores alimentos. Caminamos en la azotea, descalzos, con la luna y el viento nocturno como únicos vestidos. Tú, maquillada con el polvo de los caminos que recorrimos antes de encontrarnos. Yo, perfumado con la colonia que produce el sudor de un día de trabajo.

Bebimos la sonrisa inquietante que a nuestro paso despertaba en los compañeros de ciudad, ruinosos vestigios de sueños derrotados. Advertimos que el trigo del pan que comimos era sembrado por Abel, la víspera en que su hermano lo asesinara con una estructura ósea. Oficiaste en mi la misa que había esperado toda la vida, mientras sumamos intereses a nuestro tiempo y requerimos de pago a quienes nos desdeñaron.

Y ahora quieres irte. Es de mañana. No se como detenerte. Simplemente, has quedado satisfecha de tus más inesperados antojos. He sido usado por ti, y cuando quiero estar a tu lado, me pides que salga a la calle, que camine, que intente encontrarte en la risa de otra, en los ojos de otra, en la forma en que bebe otra el café, en el cigarrillo a medio consumir de otra.

Y a mi que me gustan las cosas simples. Los pequeños gestos humanos. El hombre y la mujer tomados de la mano. La seguridad del abrazo vespertino. El sol por la tarde y las sábanas limpias. No. Nada de eso es a tu lado. Contigo es incertidumbre, zozobra, sexo en un baño público, en la parte de atrás de un auto, en una calle oscura, en el campo precoz que encontramos al ir a casa. Contigo es cerrar los ojos en un día claro, y abrirlos en la locura de una tormenta. Correr cuando no hay prisa, descansar en medio de una urgencia.

Y mi dilema es evidente. Extraño tus labios y tu risa por las noches, mientras te despojo de la última prenda que te cubre. Y extrañaré la música que solías poner en el viejo reproductor. Cada noche, una sorpresa. Cada noche, una despedida.

Salgo a la calle y te busco entre las otras, esas que no tienen el aroma en el sexo como tú lo tienes. Esas que corren, animadas por la seguridad laboral, mientras tú sólo corrías a mis brazos, por deleite, por así quererlo. No te encontraré y seré infeliz un momento, en lo que cierro los ojos y recuerdo que la rotación de la tierra traerá de nueva cuenta una oportunidad para mirarte entre la multitud, con tu cabello al viento. Nunca te extrañaré más.

Caminabas por la calle de Carranza. El viento fresco del verano hacía que contrastara tu falda con los torneados muslos que sostenían el cuerpo que por tanto tiempo había visto pasar entre la gente.

“¡Chíngale con la carne, deja de estar pendejeando!”, me gritaba mi pinche patrón cuando me veía haciendo nada.

Todas las tardes, mientras preparaba el trompo para los tacos al pastor, tú salías de trabajar y pasabas por el local. Yo sólo esperaba ese momento para que mi vida tuviera sentido. Soñaba despierto con tomar tu mano, y ofrecerte unos al pastor con todo lo que llevan: cilantro, cebolla, limón, salsa. Un refresco, servilletas completas, jabón en el lavamanos, atención total.

“¡Ora wey!¡Qué no te pago por pendejear!” Pinche patrón.

El aroma desgastado de tu perfume se perdía entre los aromas y vapores de la carne a medio cocer, la cebolla recién picada y el cilantro puesto a remojar. Yo asomaba mi nariz buscando algún resabio de tu olor, y sólo me encontraba con el humo de los autobuses que nada conocían de amores imposibles.

Seguía tu recorrido hasta la parada del autobus en donde te sentabas a esperar el que te conduciría a tu hogar, al descanso, a la tranquilidad. Anhelaba con acompañarte hasta la puerta de tu casa, y recibir un ósculo tímido de ti. Sentir tu cuerpo temblar mientras la bolsa del pan que llevabas se agitaba y cuidabas las campechanas que acababas de comprar.

“¡Te vuelvo a cachar pendejeando y te largas, webón!” Pinche patrón ojete.

Nunca caminabas por la acera del local, siempre en la opuesta. Te miraba y te miraba y deseaba tanto perder el miedo y salir corriendo tras de ti, suspirar al mirar tus ojos y perderme entre tu cabello, decirte los versos de Neruda que cada noche memorizaba para ti. Ofrecerte mi vida, todo lo que tengo y lo que soy.

Hasta que un día ocurrió.

Gracias a la incompetencia de los organismos de agua potable, se tronó una pinche toma y tuvieron que levantar toda la acera por la que caminabas. Al mirar eso supe que sería mi oportunidad para decirte los versos más tristes de la noche, ofrecerte mi corazón como taco de pastor. Inclinarme ante tus pies y decirte cuanto deseaba que esta noche caminaras por aquí.

Pasaste por fin, a la hora acostumbrada. Cruzaste la avenida para no caminar entre el escombro. Te dirigiste hacía la taquería, donde yo, ansioso, te esperaba.

“¿Ton´s que mi reina? ¿Cuándo vamos a matar el oso a puñaladas?” fue lo único que salió de mi voz garraspienta y grasosa. Tú sólo me miraste con desdén. Supe que te había perdido para siempre.

“¡Orale cabrón! ¡Ya te dije que no estés pendejeando!” Pinche patrón de mierda.

Una rolita.

¿Cuántos “tributos” hemos escuchado? Desde los mas garras, como uno que salió para Chabuelo, hasta algunos dostres librados… como esta rolita, original del grande Rockdrigo González, e interpretada por Los Rastrillos acompañados por la voz y presencia incomparable de Iraida Noriega.

Está chingona.

Por ahí sale la Amandititita, antes de ser superfamous y aparecer en Telehit y la chingada.

Este post se redacta horas antes del que será el último juego de Hugo Sánchez al frente de la puta Selección Nacional, de la cual más que Director Técnico, fungió como padrote, caifán o chulo del que se supone es el equipo que representa a los millones de mexicanos que, antes que saber hablar, aprendimos a patear un balón.

Lo del preolímpico es únicamente la constancia de que el pendejo mamón ese no tiene ni puta idea de lo que es dirigir a un equipo de fútbol. A él que lo dejen de vocero, onda Martita Sahagún, y verán como la sigue defecando chido… pero sin hacer que a la Selección se la empinen tan gacho.

¡¡HUGO, CHINGAS A TU FEA MADRE!!

 

hugo sanchez

Y me saludas a nunca vuelvas, culero.

Duda existencial.

“Lo que pasa es que yo ya entendí que pedo: tenemos que hacer billete, un chingo de billete, para eso estudiamos y para eso vivimos”.

Las palabras lacrantes de mi amigo me resonaban en los pinches oídos como si me hubieran ensartado un cotonete con líquido de batería en los mismos (los oídos).

“Y tú sigues pensando en otro pedo, sigues con tus pinches romanticadas y mamada y media. No mames, tienes que agarrar el pedo, la neta es esa: billete y más billete. ¿O qué?, ¿Vas a llegar a los treinta y sin tener ni madres, ni una casa, ni una inversión bancaria?”.

No, pues si. Con pedos pago la renta. Al banco sólo voy cuando tengo que pagar algún pinche recibo. ¿Seré parte de esa generación que no tiene ni madres?. Aún me falta un rato para llegar a los treinta, pero changos. Este wey ya me puso a pensar.

“Si no consigues ni madre antes de los treinta, olvídate de todo cabrón, porque ya no vas a poder hacer nada”.

Chale. ¿Neta?. Na. ¿O si?. Puta madre.

Chale, chale.

Estaba comiendo unas pinches gomitas en la escalinata de la biblioteca. Hasta la madre de leer mamadas de técnicas de investigación, me propuse un pinche descanso. No pase de la quinta gomita cuando un ruco se me acercó.

“May, alivianame con una feria y te doy la respuesta del porque de la vida”

No mames pájaro, pensé. Que chingados va a decirme este ruco de la verdad de la vida. Ya había leído un chingo de mamadas y ninguna de ellas me conducía a la verdad tan buscada.

“A ver, un adelanto, para ver si vale la pena” le dije, tanteando también que no me fuera a querer dar baje, de jodido, con mis pinches gomitas.

“Cámara, mira, la verdad de la vida está más cerca de lo que piensas. Vas por la vida buscando satisfacer los más elementales deseos, sin darte cuenta del pedo de verdad”.

Me sonó a pinche discurso mío cuando ando en motita, pero lo raro era que el ruquito no se veía panque para nada.

“¿Cuánto quieres?” le pregunté, a lo que me contestó sonriendo: “¿Cuánto vale para ti la respuesta del porque de la vida?” Puta madre. Resulta que va a quererme dar baje con una feria, esas pinches preguntas cacsiosas siempre me han puesto en la madre. Ni pedo. Busqué en mis bolsillos y saqué como cuarenta varos, una pinche moneda de dos francos que traigo desde hace como seis años y la llave de mi coche.  Abrí la palma de mi mano y le enseñé lo que traía.

Él me contestó: “Dame las gomitas y diez varos y te suelto todo”. Chale, chale. Las pinches gomitas eran mi provisión de azúcar para seguir leyendo, pero ni pedo, a esas alturas me intrigaba sobremanera lo que el ruco tenía que decir. Le solté las gomitas y tomó los diez varos, y efectivamente, despepitó:

“El porque de la vida es muy fácil carnalito. ¿Has bebido cerveza en un atardecer de verano, con el pinche sol en la jeta? ¿Has cogido con una morrita que quieras harto, un domingo por la tarde en un cuarto sin más que la cama, sudando hasta que te quedes pegado al vientre de ella? ¿Has comido barbacoa un domingo por la mañana, con amigos que te hagan reír hasta llorar? ¿Has caminado por la calle sin prisa, mirando los ojos de quien se cruza en tu camino? Si has hecho eso, ya vas encontrando el porque de la vida… en cambio, si te la pasas en joda trabajando y buscando acumular feria y ser muy chingón, ya te atoraste. Luego platicamos”.

Ruco cabrón. “¿Y la respuesta?, nomás me chingaste mis gomitas”. “Esa es otra cosa que debes de hacer para encontrar el porque de la pinche vida: compartir. Si quieres, mañana nos vemos y seguimos parlando, pero traes otra cosa de comer”.

Dio la vuelta y siguió su camino. Yo me quedé mirando al cielo, dejando que el sol me cubriera un rato. Creo que ya voy agarrando el pedo.

Si, ya se que les vale pura pinche madre, pero no hay pedo. Teclear de nuevo en este espacio es algo que sólo comparo, por el momento, con chingarme a las primas del Maurus.

Por el momento, anuncios rápidos:

- Gracias a quienes siguieron visitando esta mamada de blog, pese a que no se actualizaba. Les daría una explicación, pero la neta, les vale madre.

- A la banda pacheca que sigue en sintonía (Willie, Asrael, Elmer, Mr. Mono, el pinche Richmon pérdido, et al), gracias por sus vibras, culeros :)

- Willie, si te pago carnal. Neta que si, nomás aguanta y mantén abierto tu pinche blog.

Estamos en pleno contacto sideral.


Spock!

Vincent, de Tim Burton.

¿Qué chingados tiene en la mente Tim Burton? ¿Vampiros colgados de las patas, calaveras que bailan, árboles que se mueven al ritmo de un viento que canta, novias que no mueren y esperan a su prometido? Sólo él sabrá.

Pero lo que hay que agradecerle es que exteriorice sus pensamientos e imaginaciones, para regalarnos joyitas como Vincent, de mil novecientos ochenta y dos, que es un poema de un niñito cabrón, atormentado por sus demonios chiquillos… narrado en la voz del maestrazo del suspense y la impostación Vincent Price (el mismo que en Los Simpson contesta el teléfono para reponer las patitas del huevo mágico que Marge y Lisa arman mientras Homero hace desmadre en el Super Tazón).

El extra es que, quien subió el video que ahora les pego aquí, le ha puesto subtítulos, para que no se pierda la esencia de la voz de Vincent Price. 

Feliz día del Cuervo Feliz. (Asrael mode).

Se acaba el año.

Hoy, pendejeando en la página del MixUp, un anuncio hizo que me mediocagara en los pinches calzones… Faltan veintisiete días para Navidad.

No mamen. Se acaba el pinche año y se nos viene una pinche temporada de embrutecimiento en todos los aspectos… comercial, consumo, lucecitas, musiquita caguengue, amistades etílicas y fajes de posada.

Se acaba el año, culeros, y parece que, por lo menos en este, el mundo no valió madres.

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