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Mochénse con Tabasco.

Que si el pinche gobierno…

Que si pinches ratas…

Que si se pudo haber prevenido todo…

Que si no sabemos si va a llegar el varo o la ayuda…

El pedo está choncho con los carnales de Tabasco. Vía mail, un compa me comenta que trata de ayudar como voluntario en los albergues, pero que es neta que necesitan un chingo de cosas. Que el gobierno si, como siempre, bla, bla, bla, bla, pero que los que se están rifando son algunas ONG’s que están chingándose a entrar y salir.

Mochénse con una feria, culeros, que el pinche gobierno no va a sacar del pedo a los carnales. La sociedad en conjunto, con los webitos por delante, vamos a chingarle. Ya luego les mentamos la madre a la bola de ratas, nomás que se sequen los carnales y que tengan donde dormir sin pinche agua.

Fusilado del Blog del buen ElmerHomero, la lista es como sigue:

Banamex

A nombre de Fomento Social Banamex

Cuenta: 120, sucursal 100

BBVA-Bancomer

A nombre de Fundación BBVA Bancomer

04 Apóyame 3

Cuenta: 0427692633

Banorte

Cuenta: 27

Cuenta: Clabe 072-790 000000000270

Santander

Cuenta: Apoyo a Tabasco

Scotiabank

Cuenta: 00100911240

HSBC

A nombre de Fundación Merced

Cuenta: 4025940156

Banco Azteca

Cuenta: 01720115412160

Ixe Banco, S.A.

A nombre de Damnificados de Tabasco

Cuenta: 7777777-8

Centros de Acopio Distrito Federal

Casa de Cultura del gobierno del estado de Tabasco en el DF, Berlín 33, esquina Marsella, en la colonia Juárez, delegación Cuauhtémoc

Cruz Roja Mexicana en Juan Luis Vives 200, colonia Los Morales-Polanco, entre Homero y Ejército Nacional, (cerca del Metro Polanco, a espaldas de hospital central de la Cruz Roja) en un horario de 08:00 a 18:00 horas, de lunes a viernes

Televisión Azteca

CENTROS DE ACOPIO DEL GDF

Horario de 10:00 a 20:00 horas

Zócalo capitalino

Explanada delegacional de Coyoacán

Explanada delegacional de Tlalpan

Explanada delegacional de Álvaro Obregón

Explanada delegacional de Tláhuac

Mercado público de Olivar del Conde, en Álvaro Obregón

Mercados públicos de Agrícola Oriental y Santa Anita, en Iztacalco

Mercados públicos Narciso Bassols y Providencia, en Gustavo A. Madero

Paradero de Taxqueña y en Xotepingo, en Coyoacán

Centros de Abasto de La Cruz y Tlihuatlán, en Magdalena Contreras

Todas las cafeterías Starbucks, excepto la del aeropuerto.

APOYO A DAMNIFICADOS

Agua embotellada, azúcar, frijoles en lata, leche en polvo, frutas y verduras enlatadas, toallas femeninas, cobijas nuevas, café soluble, aceite comestible, chocolate en polvo, alimento para bebé, atún, sardinas, sal, galletas, pañales desechables, papel higiénico, ropa, medicamentos analgésicos y jeringas.

En mi pueblo Toluca, el DIF municipal ha instalado dos centros de acopio ubicados en la Unidad Deportiva Filiberto Navas, Av. Heriberto Enríquez #358 esquina Paseo Tollocan, y en las oficinas del DIF Toluca, ubicadas en Otumba 505, colonia Sor Juana Inés de la Cruz.

Se solicitan agua embotellada alimentos no perecederos, pañales, toallas, leche en polvo y artículos de higiene personal. El horario de atención es de 9:00 a 18:00 horas. Además de que seguramente en inicio de semana los carnales de la UAEM darán a conocer más centros de acopio.

¡¡Mochénse culeros!! ¡¡Más se gastan en McRoñas!! 

- ¡Ora chamaco!, ¡salude a su abuela!

El pinche Ramirito se resistía a saludar de beso a su abuela. Siempre le dejaba lleno de babas secas y a medio remojar su pinche cachete, además de que olía a las pinches bolitas blancas que encontró en el ropero viejo y, creyendo que eran chicles, se tragó uno, con el consecuente vómito que le produjo la involuntaria ingesta de la nafta espantapolillas.

- A ver m’ijito, venga a saludarme, no sea rejego.

Muuuuuaaaaaa, pinche beso baboso en los dos pinches cachetes. El olor a nafta le destapó las fosas tupidas de mocos, producto de cruzar la ciudad en pinche chimeco para visitar a la abuela en su casa llena de carpetitas tejidas a gancho, sillones cubiertos con hule que tronaba como pedos cuando te sentabas y chingo de gatitos de porcelana. A guevo tenías que comer galletas humedecidas que la ruquita guardaba en un frasco sobre su gabinete, y el único enretenimiento era escuchar, una y otra vez, los discos del Glenn Miller. Ni la pinche tele te dejaban encender, quesque porque gastaba mucha luz y ni madres de eso.

- Te quedas aquí un rato Ramiro, voy a pagar la tanda a la comadre y regreso por ti, no hagas travesuras y obedece a tu abuela.

Nunca entendía el pinche del Ramirito porque tenía que quedarse con la aguela. Bien podría quedarse en la casa, mirando tele o leyendo las revistas de rucas en cueros que su carnal escondía entre el bonche de periódicos en su cuarto. Pero nel. Se tenía que chutar la visita a la aguela y chinguese el cachetón del Ramiro a estarse quieto un rato.

- Ague, ¿me dejas ver la tele?.

Era una pregunta que sabía que no tendría una respuesta favorable. Por el contrario, le quedaría tener que soplarse un pinche sermón de una hora sobre el ahorro de luz, sobre la basura de la tele, sobre que si es cosa del diablo, bla, bla, bla…

- Si m’ijito, si quieres verla, andale, enciendela en lo que te traigo las galletas en un platito.

Al Ramiro le terminaron de bajar los guevitos de la pinche sorpresa. Ni modo de no aprovechar la chance. Corrió a encender la pinche tele vieja. Cuando hizo “click”, ¡¡mocos!!, se fue la luz en la estancia, en la recámara y en la cocina en donde estaba la viejita.

- ¡¡Aguelitaaaaaa!! ¡¡Se fue la luuuuuuuuuuuuuuz!!.

Gritó el pinche cachetes de puerca. La aguela salió de la cocina con el platito floreado lleno de galletas. Se las dio al Ramirito y le dijo:

- Han de ser los fusibles, porque la luz está al corriente de pago. Deja ir a revisarlos y me gritas cuando ya haya llegado la luz.

La aguela salió de la recámara. Después de una rato, la luz regresó y el Ramiro gritó:

- ¡¡Aguelitaaaaaaaa!! ¡¡Ya llegó la luuuuuuuuz!!

La aguela estaba pegada a la caja de los pinches fusibles, producto de la descarga por el arribo súbito de la corriente eléctrica. Los fusibles estaban bien, pero como la aguela era marra para los servicios, pensaba que todo el pedo era sacar los fusibles y ya. Pero nel. Adentro el Ramirito ni enterado. Comía galletas y miraba la televisión fascinado.

Ahora el Ramiro es técnico electricista. Tiene una pinche habilidad para detectar las fallas eléctricas. Come galletas humedas como botana y siempre carga dos bolitas de nafta en el bolso derecho de su abrigo. Ha comenzado a coleccionar perritos de porcelana.

Era jueves por la noche. Pasaron por un six de chelas en el Oxxo que encontraron abierto. Unas papitas para mascar algo mientras bebían la cebada procesada. Tenían dos meses que no se veían y decidieron beber algo en común.

Hacía un chingo de frío y la cerveza fría les escurría por la garganta como un tizón ardiendo. Pinche ironía.

“Entonces que wey”, dijo el Calabazo, “¿seguimos chupando aquí afuera o vamos a buscar a la Nati para que nos de jale en su cantón?”. “Nel” respondió el Tomás, “esa pinche vieja ya sólo te da chance de entrarle a su jaula si llevas una o dos grapas, se ha hecho bien pinche loca la vieja, ya hasta coger con ella es un pinche riesgo, al Waldo, mientras le pegaba una mamada, le mordió un pinche webo bien cabrón, que hasta le fecha dice que le duele cuando hace frío, como ahorita”.”Puta madre, ¿entonces para donde jalamos?, ni modo de seguir chupando en la pinche calle, nos van a caer los putos azules y entonces si valió madre todo”. “Ya se”, exclamó el Tomás, “Vamos a buscar a la Efi, sus jefes no iban a estar en su casa y chance y de jalón un rato”. “Cámara, vamos para allá”.

Mientras caminaban se tomaron cuatro cervezas, dos por piocha. Los tabacos también empezaron a quemarse. Platicaban de sus experiencias en sus nuevas chambas. El Calabazo la hacía de repartidor de agua embotellada, y presumía de que en las entregas de su producto a las colonias picudas, las rucas weritas luego buscaban que le surtiera la bodega completa, porque sus pinches maridos cerdos se la pasaban “discutiendo los asuntos de trascendencia nacional, y mientras arreglan el pinche país, yo me empujo a sus viejas ganosas”. A Tomás su chamba no le gustaba: trabajaba en un pinche call center, cobrando por teléfono a los pendejos morosos. Se la pasaba encerrado en un pinche cubículo durante nueve o diez horas al día.

Al pasar por una de las calles de las cabronas de la Colonia, al Calabazo se le ocurrió “hacer una parada en pits”. Chale. De haber sabido que ahí iba a valer madre todo, ni el pinche cierre de su panto se baja.

En lo que el Calabazo desaguaba, el Tomás encendió un cigarrito. La luz del cerillo iluminó en la noche el rincón que hacía una caseta de teléfono y un auto viejo y alcanzó a distinguir una silueta, como un pinche bulto que se movía. Luego de encender el táfiro, y como el Calabazo no dejaba de mear, se acercó a mirar el bulto. Pensó que eran unos perritos o un pinche gato acurrucado, pero estaba demasiado grande esa madre.

Miró a los lados y se acercó más. Dio una patada al bulto, para ver si se movía. Nada. Con más confianza, atizó otra patada, esta vez más fuerte. No se movió ni un pinche centímetro. Se dio la vuelta, calando el cigarro y riendo para sus adentros “de seguro es por las pinches cervezas que ya me chingue”, pensó confiado. Apenas hubo dado dos pasos, cuando una voz a sus espaldas lo estremeció:”¿Por qué me pegas?” ¡¡¡Puta madre!!!.

Volteó y vio que el pinche bulto comenzaba a incorporarse. “¿Por qué me pegas?” volvió a preguntar la pinche voz, una voz ronca, como de perro aprendiendo a hablar. El no atinó a decir nada, mirando como el pinche bulto comenzaba a acercarse a el. Volteó a buscar con la mirada al Calabazo, y el muy cabrón seguía meando en la pared de la esquina contraria. El pinche bulto se movía hacía el. Le gritó al Calabazo “¡¡ora pendejo!!, mira a este cabrón que la está haciendo de pedo”. El Calabazo volteó, subiendo su pinche cierre. “¡¡Ah cabrón!!” exclamó, “¿quién chingados es ese wey?”. Tomás atinó a decirle: “no se cabrón, estaba acostado en la esquina, pero yo pensé que era otra cosa, le di dos patines y se despertó”.

Por la calle, miraron una figura acercarse. Pensaron que ya no habría pedo, pues todos en la Colonia los conocían y eran valedores. Cuando la figura se acercó a ellos lo suficiente para distinguirla, notaron que era una mujer. Tenía el pelo largo, muy largo, y vestía una falda y blusa negras, roídas. EL Calabazo reparó en que la mujer iba descalza.

“¿Por qué molestan a mi hijo?¿Qué no saben que es el único que me queda y que lo debo de cuidar de todos?” dijo la mujer, con una pinche voz aguda que a los dos cabrones sintieron que se les metía en los calzones.  Tomás le respondió: “Disculpe señora, pero no pensé que fuera su hijo”.

La mujer se acercó más a ellos. Les dijo “Ustedes han despertado a mi hijo, el único que me queda. Gracias a él no tengo que seguir caminando por las noches, gritando por mis hijos. Lo tengo que cuidar, y ahora que saben de él, tienen que dormirse con él, para que no le digan a nadie que esta vivo y pueda acompañarme siempre”.

Tomás y el Calabazo no atinaban a hacer nada. Tomás tomó las dos latas de cerveza que les quedaban y las arrojó a la mujer, al tiempo que le decía al Calabazo “¡¡Corre pendejo, corre!!”.

Corrieron calle abajo, mirando de reojo como la señora se incorporaba con ayuda del pinche bulto. Seguían corriendo, no paraban de correr. De repente escucharon un aullido a sus espaldas que les heló la sangre. Era un aullido como de los cerdos cuando los pasan a cuchillo. Tropezaron entre ellos y cuando miraron de nuevo hacía atras no encontraron nada.

Nadie les creyó lo que habían mirado. Nunca regresaron a caminar por esa calle. El Calabazo no puede mear bien y Tomás tiene una tos crónica que lo sacude por las noches. Dicen que la mujer era la llorona y el bulto el pinche diablo. Los dos no pueden olvidar el aullido último.

El pasado sábado, veinte de octubre, el pinche escribidor de esta madre de blog tuvo la suerte de visitar la Feria del Libro del Zócalo del Distrito Federal. Una experiencia chingona, para quienes disfrutan de ver libros, libros y más libros.

Tal vez si hubiera planeado el recorrido no habría mirado todo lo que mis pinches canicas oculares disfrutaron. Arribé a la plancha del Zócalo pasado el mediodía. El día era fresco, y el camino de la estación Pino Suárez hasta el Zócalo fue más que agradable.Recién habían retirado a los ambulantes del primer cuadro y por fin pude ver las fachadas de los edificios que están sobre Pino Suárez.

Comencé el recorrido por los stands de las editoriales. Los precios eran buenos, muy buenos. Y los eventos programados para ese día eran más que atractivos. Para empezar tuve la oportunidad de escuchar a tres cuartas partes de Botellita de Jerez, con el buen Mastuerzo y el maestrazo Armando Vega-Gil, quien presentaba también su libro de cuentos Cuenta Regresiva y otras fábulas supernumerarias (y a quien tuve oportunidad de saludar y de que me autografiara mi librito de cuentos el fin de semana pasado en mi tierra, la tierra del chorizo en cajones, Toluquita la Prieta). Después tuve chance de escuchar/mirar a otro maestro: Javier Gurruchaga.

Después estuve en la presentación del libro “Inquilinos del D.F., a colgar la Rojinegra” de Paco Ignacio Taibo II, él no pudo firmar sus libros porque tenía que presentar el de Elena Poniatowska. Como la neta no me late mucho el rollo de la inefable Elenita, me dediqué a terminar de recorrer la Feria, aprovechando los precios que traían las editoriales por el evento.

Ya por la tarde, y con la pinche hambre de perro que me cargaba, decidí caminar a hacer más millonario al Slim, y fui a comer al Sanborns de los Azulejos. Ya de ahí agarré mi patín para mi pueblo, no sin antes ver el desfile de alebrijes que para esa fecha estaba programado.

Valió la pena ir a la Ciudad del concreto y el metal.

Liberado de su próximo disco “Sawdust”, que será una recopilación de rarezas y B-Sides, y con la participación de, ni más ni menos, Lou Reed, los Asesinos entregan este singlecito, para escuchar en vía de mientras llega el trece de noviembre, fecha en que estará en las tiendas el disco.

Para descarga, nomás denle click aquí, con el link robado feamente de Musiteka. :)

¡¡Ha-Ha!!

No mamen. Pinchis pasados de pistolas con el Señor Don Fox (jejejejejeje).
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A raíz de la detención de un cabrón, cabrón, cabrón de orate, que le latía el amor a mordidas, escribir alucines en poemas (gachitos, la neta), vender sus obras en veinticinco varos en el Chopo (de seguro ahora esas madres van a valer unos quinientos varos) y hacer panchos cuando lo van a detener, ha venido a mi memoria auditiva una rolita de Kinky, que hicieron a raíz de la película “La hija del Caníbal”.

La película nunca la miré. Pero la rolita está chidita, el jefazo de Lupe Esparza le pone un toque chingón y queda pocamadre para la banda sonora de esta noticia que ha venido a cimbrar el mundo moderno de la criminalística mexicana.

¡¡Provechito!! :)

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket Señor Don Licenciado Vicente Fox:

Sirvan estas líneas para que reciba un saludo de este escribidor de incoherencias y desear para Usted y su parentela salud y éxito. Aunque se que eso no es necesario y que Usted y su runflita se crean el éxito solitos.

El motivo de esta misiva es para, en primer lugar, felicitarlo por la publicación de su nueva obra literaria “Revolución de la Esperanza”, que seguramente ocupará en pocos días el lugar que le corresponde con los best-sellers de la temporada.

Disculpe, pero no voy a comprar su pinche libro. No vaya a ser que mis indecentes libros de Hesse, Borges (que no Borgues), Nietzsche, Paco Ignacio Taibo II o José Agustín, se levanten en armas para, por lo menos, mentarme la madre.

Además, no dormiría de pensar que los devaluados pesos que pagaría por su chingadera irían al tanque de gasolina de su Jeep o de su Hummer, ni mucho menos que fueron para pagar los kleenex con los que su mujercita se limpia los mocos. La neta, ni madres.

Y refiriéndonos al librito ese, me surge una cuestión, ¿por qué no lo presentó en la Feria del Libro del Zócalo de la Ciudad de México, que hoy comenzó?, ¿o nos tiene preparada las sorpresa para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara?, ¿nel?. Chale. Suerte que tienen los pinches gringos de contar con su presencia.

Y ya que anda por allá, y que ha sido invitado a un partido de los Vaqueros de Dallas, sólo espero que no le eche la sal a Tony Romo (porque la neta, está Usted bien pinche salado, y evento deportivo que mira o al que asiste, pierde o la caga el equipo que lo invitó), y que lo peor que le pueda pasar es pierda o lo intercepten un chingo de veces, pero no que se rompa una pata o un brazo.

En segundo lugar, es para echarle porras. No se deje de esos pinches conductores gringos culeros que nomás lo invitan para hacerlo encabronar. Se siente bien chingón mirarlo en la televisión gringa hablando en inglés (que por lo visto, por eso se lo enchufan, lo que se tarda en responder por estar pensando en inglés debería de invertirlo en decirle que son una bola de ojetes, en español, para que no hagan pedo).

Siga saliendo en programas gringos, firmando autográfos en las librerías de allá, echando desmadre con las Vaqueritas de Dallas… y si se le olvida su mujer por allá, la Nación no se lo demandará, me cae de madre.

Esperando mis insulsas letras no hayan distraído sus ocupaciones en pro de México, me despido de Usted. :)

¿Algún día les ha pasado que se levantan de su camita con el presentimiento de que ese día será de pinches perros?

Y sus temores lo confirman cuando, en la ducha, se termina el agua, o se acaba el pinche gas, y tienen que secar el champú con la toallita de manos, porque la otra se la chingó el “Pulgas” en la noche. Salen al desayunador y la puta cafetera no jala, o se terminaron los pinches filtros, cualquier otra mamada, así que toman un pinche yoghurt del refri y salen a la calle en chinguiza.

Esperando el colectivo, si es temporada de lluvias, no falta el pendejo gracioso que, en tono juguetón y acelerando su pinche ranfla, te salpica con lodo y mierda que está en el charco más cercano a tu desesperada humanidad.

Ya en el colectivo, que va hasta la madre, te toca un pinche chofer con sus bocinas de cajón y sus “tuiter” hasta el webo, con esa que dice “como te voy a olvidar, como te voy a olvidar, como te voy a olvidarrrrrrrrrrrr”. Por fin apañas un asiento y sacas tu desayuno, el pinche yoghurt, y la chingadera está agria… la fecha de caducidad es de dos semanas atrás.

Cuando miras tu reloj te das cuenta de que apenas han transcurrido dos horas desde que abriste los pinches ojos. Te espera toooodo el pinche día por delante.

Pero cuando piensas que todo está para aventarte del pinche puente peatonal por el que caminas, lees algo que te hace pensar que, después de todo, no estás tan cabrón. Como esto:

“Unos policías de tráfico de Bogotá le decomisaron una silla de ruedas a un inválido atropellado por un automóvil, con el argumento de que todo vehículo involucrado en un accidente debe ser confiscado, informaron hoy emisoras locales.

La cadena Caracol Radio indicó que el hecho se registró la semana pasada en el barrio 20 de julio, de la capital colombiana, donde Julio César Preciado, de 55 años, un pintor de avisos que sufre de parálisis en ambas piernas, fue embestido por una camioneta que huyó del lugar luego de pasarle por encima.

“El carro me tumbó al suelo. Le grito que esperara, pero siguió adelante y con la llanta de atrás me pasó por encima del cuerpo”, declaró Preciado a la emisora.

Añadió que los agentes de tránsito que llegaron al lugar “inmovilizaron” la silla de ruedas mientras a él se lo llevaban en una ambulancia.

Los familiares de Preciado pagaron el equivalente a 6 dólares de multa para poder sacar la silla de ruedas de los garajes oficiales a los que se conducen los vehículos implicados en problemas legales.”

Pinches mamadas… pero por lo menos, lo culero del día que he tenido se ha ido.

Nota chingada vilmente de aquí.

Figuras nocturnas.

Durante un chingo de tiempo, como año y medio para ser más precisos, trabaje en un horario pinchepinche. Tenía que estar a las diez de la mañana, salía a comer a las cuatro de la tarde y regresaba a las siete de la noche, para terminar como a las dos/tres de la mañana del siguiente día.

Esas excursiones de madrugada, además de ponerme en la madre a mi sistema nervioso, gracias a la nicotina/cafeína/lo que sea que tengan los pinches gansitos, me hicieron ver la parte de la ciudad, dependiendo de donde chingados estaba, que nadie ve o que quieren ignorar.

Ejemplo 1. Las gordas putas. No son como las escorts de categoría, de miles de pesos que te apantallan con su cabellera lacia y sus tacones chidos. Nel. Estás eran putas de años, de las que empezaron el business, y que ora nomás le alcanza para ofertarse lo más barato que puedan.

Ejemplo 2. Un pinche homeless que me sacaba unos pinches pedotes. Le daba por acomodarse en la entrada del edificio en donde trabajaba. Olía a pinche perro mojado y no le subía el agua al tinaco. Cuando escuchaba que iba cerrando las puertas, se ponía a gritar como pendejo. Eran unos pinches aullidos como de perro atropellado. Yo le gritaba desde dentro que se callara, pero nomás no pelaba ni madres. En una ocasión baje con una pinche botella de agua y se la deje ir. Se echó a correr como loco. Antes de cambiar de chamba, tenía como una semana que no lo veía. Ojalá y esté bien.

Ejemplo 3. Las taquerías chingonas y las pinches. Eso fue una ventaja. Conocí los lugares abiertos en horario nocturno para tragar algo sin pedos. También conocí las taquerías que, apenas acabas de tragar, tienes que manejar como pinche niño azotado, por la diarrea que se arriba de inmediato.

Ejemplo 4. Las tienditas de 24 horas. ¿Quieres un pomo, cigarros, refresco, dulces, papitas? ¿A las tres de la mañana no hay ni madres? No hay pedo, ya conocí todas las pinches tienditas de rejita que nomás tocas y pides. Se manchan sus calzones con los precios, pero ni pedo. ¿A donde corres si no hay más que ahí o ahí?.

Ejemplo 5. Los pinches dealers. Derivado de conocer las tienditas del ejemplo anterior, también conocí a quienes entregan el periquito, el watito, el churrito, las anfetas o lo que se te antoje para un rato de sano humor. La neta nunca les pedí a esos cabrones. Piden mucha feria por un churrito y quien sabe que mierda te vendan. De los seis que conocí, a dos los apañaron los pinches tiras y a otro se lo chingaron sus clientes, por vender mierda mal hecha.

Ejemplo 6. Las putas chidas. Sólo dos sitios conocí que se manejaban como las antes conocidas casas de citas. Viejas buenas, alcohol chingón, musiquita, cuartos limpiecitos, dominó con los visitantes como uno. Nada de pedos. El que hace panchos, lo mandan derechito a chingar a su madre y no vuelve a entrar.

Ejemplo 7. Los pinches policías culeros. Esos weyes, en la madrugada, nomás andan viendo a quien se chingan. Me detuvieron como cuatro veces. Luego ya nos hablabámos de
“no estés chingando y deja ir a dormir”. 

Ejemplo 8. Los grafitteros y creadores de pegatinas. Estos weyes son a toda madre. Una noche se treparon a mi ranfla como seis weyes, y los anduve llevando a donde habían ubicado paredes chingonas para hacer su arte. Los de las pegas nomás se agarraban una calle y se iban trepando a los postes para dejar sus pegas. Pura buena vibra con esos cabrones.

La neta, extraño todo eso. La ciudad, de noche, se ve más chingona que en el día. Por lo menos no hay tanto pendejo histérico gritándote, o rucas que en sus autos usan el claxón como si cada que le pisarán les metieran un dedo en el culo. Ni pedo.

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